Infidelidad

Desde los boleros de Orlando Contreras, de nuevo en boga, nos llegan, en cascada, amores tormentosos, historias de mujeres ingratas y desalmadas; desgarramientos emocionales masculinos, por el descubrimiento de la “cruel traición”. Adúltera, siempre ha sido esa feísima palabra que esconde una dolorosa y evidente diferencia genérica. Porque ser adúltero, nunca ha sido tan malo.

Por: Aloyma Ravelo y Antonio López
Asesores: Francisco Almagro, Gerardo Coll y Emilia González

“Al verla con su amante, a los dos yo los maté “
Feliciano

De un lado, estos extremos y, del otro, ciertos testimonios recogidos al azar por una encuesta anónima: “Una y mil veces a los hombres hay que engañarlos porque se lo merecen.” “Ellos no tienen reparos ¿ Por qué va a tenerlo una?” “Si ellos engañan, nosotras también. Al menos es más justo ¿si?” Se cierne sobre algunas mentes femeninas, una política desvariada de “ojo por ojo”. Tales parodias de la igualdad, no asombran. Sin embargo, aún me queda cimbrando en la mente la escueta respuesta de un chico de 21 años, quien contesta haber sido infiel muchas veces, y a la pregunta del porqué, argumenta: “Es de humanos.”

¿Será realmente el ser humano polígamo? ¿Estará escapando de la monogamia? ¿Acaso las resquebraduras de patrones ético morales están creando un nuevo paradigma de pareja? ¿O es que, una vez más, estamos intentando unir el aceite con el vinagre?

Para deshilar esta complicada y controvertida madeja del fielato o en su aspecto contrario, del oficio de ser infiel, buscamos puntos de apoyo en expertos quienes, de una u otra manera, cuentan con resultados y criterios sustentados por su amplia experiencia de trabajo.

Confesiones en privado

Nos acercamos a dos terapeutas de pareja: el psiquiatra Francisco Almagro, de la Clínica del Adolescente y el ginecobstetra Gerardo Coll, del Centro Nacional de Educación Sexual. El primero, argumenta que “existen condiciones dentro del matrimonio que son leña seca para que arda el adulterio como, por ejemplo, los matrimonios por conveniencia, que son aquellos cuyo objetivo esencial es obtener por una de las partes dinero, posición social u otras ventajas económicas; los matrimonios escapistas, que dan la oportunidad a uno de los cónyuges de huir de la tutela familiar o de un país determinado al casarse con un extranjero; los matrimonios edípicos, donde uno de los miembros de la pareja busca en el otro un padre o una madre que lo proteja o lo guíe; el matrimonio de combate, aquel donde la actividad sexual y afectiva sólo se produce tras agresiones mutuas y, por último, el matrimonio de papel invertido, donde la mujer trabaja y trae el sustento al hogar, mientras el hombre vive de ella.” Todas estas uniones, pueden llamarse de riesgo, ya que se forman sin una verdadera base de amor auténtico y desinteresado, elemento esencial para iniciar una relación mutuamente confiable y enriquecedora.

Por su parte, el Dr. Coll, sostiene que la infidelidad no es la causa que más frecuentemente plantean, de inicio, sus pacientes. “Llegan a la consulta casos con problemas aparentemente ginecológicos y, poco a poco, va aflorando el fenómeno de la infidelidad en la dinámica de pareja. Ellas ni ellos hablan abiertamente sobre el asunto.”

“Hace algunos años, en algunos países muy desarrollados, comenzó a propagarse el “matrimonio abierto”. Es conocida esta modalidad como aquella que permite a los esposos una vida sexual paralela, a veces, con personas conocidas por ambos. Conlleva pactar, con total sosiego, unas vacaciones cada quien con su amante respectivo. A mí no me consta que esa nueva manera de vida conyugal haya hecho disminuir la ansiedad, la depresión, las adicciones o los suicidios que padecen crónicamente esas sociedades”.- puntualiza el psiquiatra de la Clínica del Adolescente.

Pero estamos en Cuba, lejos de esas frías latitudes y aquí los cuernos duelen. El Dr. Coll, además profesor de sexología, señala que mucha gente, hombres sobre todo, se hacen la vida trizas si son objeto de tales maniobras. “Conocer de la infidelidad de la pareja, causa conmoción en ambos sexos; sin embargo, para los varones esto es más lacerante por los patrones que marcan los estereotipos de género. Para nadie es un secreto que, socialmente es más aceptado que el hombre engañe a la mujer. Y cuando conoce del dolor de ser engañado, le cuesta superarlo.”

El dedo en la llaga

Anteriormente existía, jurídicamente hablando, la figura del adulterio que servía, en especial, para acusar y acosar a las mujeres. Para profundizar las enormes diferencias que en materia de moral sexual prevalecía entre hombres y mujeres. “En nuestros días, se eliminó la infidelidad como una de las causales del divorcio pues era realmente discriminatorio y humillante para la mujer”.- expone la Lic. Emilia González, Vicepresidenta del Tribunal Supremo Popular. A continuación, confiesa que durante su experiencia como jueza “no presencié procesos en que una mujer planteara el divorcio ante los tribunales debido a que su esposo le era infiel, como tampoco resolví ningún caso donde sucediera que la mujer asesinó al marido porque la engañaba con otra. Lo que sí conocí casos de hombres que cometieron homicidios contra las mujeres por infidelidad.”Si bien la Dra. González refiere que no se recogen las estadísticas de los homicidios por infidelidad, este acto, recogido como crimen pasional, es excepcionalmente femenino y predominantemente masculino, es decir, las mujeres no llegan a matar, los hombres sí.

“Las mujeres y los hombres no reaccionan igual ante el descubrimiento de la infidelidad. Históricamente, nosotras estamos acostumbradas a perdonar, a ceder, a tolerar, a hacernos de la vista gorda...Los hombres, por lo común, tienden a tomar una decisión rápida de separación: se sienten ofendidos, agredida su famosa hombría, que no es más que su machismo, diría yo.”

Más allá de la desconfianza

Si dos personas se unen para vivir de manera estable, se debe crear entre ellas un compromiso de lealtad mutua porque, lo contrario, no sólo entraña desconfianza, repercusiones emocionales negativas, sino, también, que nadie tiene derecho de llevar al lecho conyugal una infección de transmisión sexual o el VIH/ SIDA, en el peor de los casos.

Los tres especialistas entrevistados coinciden que la infidelidad es un acto deshonesto y argumentan sus criterios.

Para el Dr. Gerardo Coll, es una irresponsabilidad el sexo ocasional o fortuito, realizado muchas veces sin la protección imprescindible que ofrece el condón. Para el psiquiatra Almagro, la fidelidad a otra persona es una vocación. “Debe ser un acto sincero, libre, maduro, al que se llega por convicción y no por coacción o necesidad perentoria. La unión matrimonial es todo un proyecto de futuro. De modo que la pregunta, antes de iniciar ese viaje, debe ser si se está lo suficientemente preparado para sumir las consecuencias de lo que se pacta, tanto favorables como desfavorables.”

La Vicepresidenta del Tribual Supremo enfatiza que resulta la infidelidad, sin dudas, un antivalor. “El hombre y la mujer honestos, pueden llegar a acuerdos de divorcio. La persona infiel tiene que tener en consideración los sentimientos, la dignidad y necesidades del individuo afectado.”

A modo de conclusión

Llegar a criterios definitivos en un tema de tantas aristas es realmente harto difícil. No obstante hay un par de argumentos, de los muchos que existen, que quisiéramos resaltar. Se sabe, y las opiniones de nuestro psiquiatra entrevistado así lo reafirman, que no existen estudios concluyentes desde el punto de vista biológico que permitan afirmar que la especie humana necesita genéticamente tener varias parejas a la vez. Ahora bien, sí hay un gran número de investigaciones que demuestran lo beneficioso y positivo de una relación con una sola pareja. No solo en los planos psicológico y social sino también para los descendientes de esa unión.

Nuestra investigación y las fuentes consultadas dejan en claro que sí, que hay infidelidad y montones de causas y hasta justificaciones que la amparan. Pero también dejó en claro que hay quienes apuestan por la verdad y la honestidad en todo momento. Es perceptible también que aún subsisten criterios marcadamente diferentes según el sexo. Pero también hay mujeres y hombres que cultivan el respeto y tratan de equipararse, juzgarse y crecer desde la misma estatura que su compañero o compañera de viaje por la vida.

En medio del mar de los engaños, ¿adónde se va el amor? No el edulcorado, el de las novelas y ensueños rosa sino el diario, el que hace compartiendo, construyendo, y también sufriendo y ganando alegrías. ¿Adónde va la sinceridad, la lealtad, ese ser honesto que todos llevamos dentro aunque algunos pretendan esconderlo u olvidarlo?

Ante el espejo, ese rostro que tanto se parece a nuestra conciencia, mírese a los ojos y, si ha sido infiel, pregúntese qué le trajo a su vida esa experiencia. Tal vez así subsanó un error; tal vez pudo verdaderamente enrumbar mejor sus pasos. Pero si lo que descubre en el fondo de sus pupilas es la infantil aventura; el gusto de lo prohibido o la simple acumulación de cuerpos como piezas de caza, trate de ver si en ese acto anida la felicidad. Si en verdad ser feliz se parece a vagar de sexo en sexo como a la deriva y si eso no es realmente un maquillaje para su soledad o para su incapacidad de entregarse sin barreras. O piense en la otra persona; piense cómo es sentirse usado, víctima del engaño, simple objeto de la ligereza y el desamor de su pareja.

Es de humanos errar, pero también lo es reflexionar, actuar de modo responsable intentando cultivar el más amplio de los respetos al otro (ese próximo prójimo a veces tan olvidado); en una palabra, intentando no “cosificarnos” detrás de los meros placeres mundanos y la insensatez.

Para no regresar al árbol ancestral de donde un día descendimos con deseos de fundar la humanidad. Y la humanidad, o mejor, la cualidad de ser humanos se basa en amar, eso nos diferencia de las bestias. Dijo Silvio Rodríguez que el amor es el poder real entre todos los poderes. Seamos más humanos, más poderosos: sigamos amando. Así despertaremos al animal civilizado que alguna vez hemos soñado hacer entre todos.


 

poco que decir ante un completo y rico texto.

Felicitaciones 

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