Los seres humanos tenemos la tendencia a encasillar nuestro pensamiento y definir un esquema de las cosas como nos gustan que sean, concepto por fuera de lo cual, las demás alternativas son reprochables, porque así lo ordenan los representantes de la divinidad, un genio reconocido, un poder superior o porque así han sido siempre. En nombre de esos esquemas rígidos de pensamiento, que pretenden defender un stato quo determinado, los humanos hemos librado cruentas guerras, arrancado vidas, humillado personas, pero paradójicamente, los humanos mismos tenemos otra tendencia, la de retar esos conceptos, lo cual explica el estado de conflicto permanente en que vive la humanidad.
Hoy, uno de esos temas que causan un profundo antagonismo, es la sexualidad. El esquema con el que contamos la mayoría de seres humanos es que el sexo sólo debe practicarse entre dos personas de diferente género y, para los más conservadores, sólo con propósitos procreativos. Cuando la realidad de la sexualidad humana es mucho más compleja que su utilidad como herramienta para la multiplicación y la preservación de la especie. En nosotros la sexualidad, como fuente de placer, se ha convertido en una forma de realización personal y de autodescubrimiento, y su sentido multiplicador de la especie se encuentra en un segundo plano, sólo teniendo sentido una o dos veces en la vida y en muchas ocasiones, nunca.
Ahora bien el instinto sexual obedece a unos parámetros fijos insertados en nuestra naturaleza a través de milenios de selección natural, pero el ser humano puede llegar a oponerse a esas fuerzas, otra cualidad insertada en su naturaleza por la misma selección natural, de ahí entonces que, al ser el sexo principalmente una forma de realización personal, no necesariamente importa que quienes lo practican sean de sexo diverso, ni que sus gustos necesariamente tengan que obedecer a la utilidad reproductiva, sin embargo para quienes gustamos del sexo opuesto, los homosexuales han causado a través de la historia una prevención inusual, cuando realmente han descubierto una forma para realizarse como personas a través de la sexualidad. Algunos opinan que este es la última frontera de la tolerancia a las minorías, aunque yo particularmente lo dudo porque los humanos siempre buscaremos razones para creer que nuestros esquemas de pensamiento son los correctos y atacar a los que piensan o actúan contrario a ellos.
Si bien en la actualidad la homosexualidad tiene una aceptación relativa, el verdadero problema es cuando una pareja del mismo sexo pretende, con base en las aspiraciones de todo ser humano, formar una familia y en consecuencia realizar una adopción. Es un problema fundamentalmente masculino, pues las parejas del sexo femenino pueden acudir a mecanismos de reproducción asistida (o formas menos sofisticadas de concepción a través de ayuda voluntaria) para concebir y tener sus hijos propios, escapando, en cuanto les sea posible, de las muchas veces tontas, absurdas e innecesarias formalidades de la adopción, ¿acaso para tener hijos de forma natural el estado exige una cierta idoneidad personal o moral?
Como la homosexualidad causa tanta aprensión, múltiples estudios se han adelantado para determinar si los hijos criados por padres del mismo sexo pudieran verse emocionalmente perturbados o peor, ser homosexuales ellos también. Pero nada más el hecho de adelantar tales estudios demuestra nuestro rechazo y prevención a la posibilidad de la familia homosexual, sea que sus resultados apunten en una u otra dirección, es irrelevante realmente, porque no importa si el gusto sexual de los padres se imprime o no en los hijos, eso es lo que menos debería interesar a la sociedad, de lo contrario entonces, se debería prohibir a las personas con gustos sexuales por fuera del esquema reproductivo, tener o adoptar hijos, esto incluiría los célibes, que han suprimido totalmente la sexualidad, pues al ser una faceta humana tan importante, traumatizarían a sus hijos; los sadomasoquistas, los bisexuales, los transexuales, las personas que se dedican al negocio de la pornografía y en general todos aquellas personas cuya sexualidad escapa del peligros concepto de “normal”.
He ahí la trampa, no consideramos las personas por sus valores interiores sino por sus gustos, su apariencia, su modo de hablar, debemos superar las apreciaciones superficiales y aceptar que otros desarrollen su vida y busquen su realización personal, de formas diversas a la nuestra, sin que ello signifique para ellos sacrificar sus amigos, su profesión y casi la vida misma. Un humano será siendo el mismo, sin importar la forma sexual que ha elegido para su autorealización; una persona despiadada y manipuladora puede tener una sexualidad “normal”, y una persona honesta puede tener una sexualidad diversa que podríamos tildar de alocada; ¿no será preferible que esos niños desamparados sean educados por el segundo?



pinchi gente rara trastornada solo quiere llamar la atencion !
depravado, pervertisdos me la pelan